RIVER GANÓ EL CLÁSICO DE LAS DOS HINCHADAS

 

No hay amistoso posible. Aunque existan choques con mayor trascendencia que otros, aunque quieran maquillarlo con declaraciones que le bajan el tono, cada vez que Boca y River  (foto DyN  Mora defendiendo el balón ante Peruzzi) se encuentran no hay margen para el error. Anoche, en el José Minella de Mar del Plata, no fue la excepción, en el único súper  clásico del 2017 que se jugará con ambas parcialidades.

Por eso Marcelo Gallardo y Guillermo Barros Schelotto (expulsados ambos por salir tarde a la cancha) pusieron lo mejor que tienen, pese a que los Millonarios en una semana jugarán la Supercopa Argentina contra Lanús y pese a que los Xeneizes se están preparando para un semestre en el que no les quedará otra que pelear el campeonato local.

La única ausencia fue obligada y de último momento: Rodrigo Mora entró por Lucas Alario, que arrastra una lesión y prefirieron no arriesgarlo.

En el partido, que empezó con dientes apretados y lejos de los arqueros, no había espacios. Y la pelota no duraba más de un par de minutos en los pies de cada equipo. A pura fricción, los mediocampistas de Boca lograban hacer un poco más prolija su salida.

Así se dio la primera llegada clara, cuando iban 8’. Pablo Pérez (amonestado en el inicio) metió una pelota de gol exquisita, con un pase frontal, entre los centrales, para dejar a Cristian Pavón cara a cara con Augusto Batalla. El delantero definió de zurda y el arquero de River le tapó el arco y mandó la pelota al córner.

Boca era más. Porque sus volantes se mostraban más dinámicos. Con Gago como eje y los Pérez (Sebastián y Pablo) listos para romper líneas. River, en cambio, tenía menos sorpresa. Apostaba a abrir la cancha para que aparecieran Moreira y Mayada, o a que el mendocino “Pity” Martínez le ganara a Peruzzi.

El más claro era Fernández, que trataba de hacer olvidar a D’Alessandro y se vestía de conductor. A los 33’, la Banda tuvo su chance de riesgo con un cabezazo de Mora que Werner sacó por arriba.

Cada uno lastimaba a su manera: Boca con juego asociado, River siendo frontal. Boca con triangulaciones, River con desbordes. Lo tuvo Frank Fabra, pero terminó mal una jugada que había iniciado Pavón. River no la pasaba bien, en especial por el sector izquierdo: Montiel tuvo que entrar por el lesionado Olivera y le costó hacer pie. También sufría Mina.

En el segundo tiempo se animaron a intercambiar los roles del juego: River apretaba, Boca despejaba; Fernández estuvo a punto de abrir la cuenta pero Werner se quedó con el mano a mano.

Pero a los 17’, un penal de Insaurralde que ejecutó Sebastián Driussi, cambió la historia. Una ventaja que redondeó, con un cabezazo, Arturo Mina (a los 23’) para que River se alzara con la Copa Luis Nofal.

En un duelo manchado por el juego de manos y las expulsiones de Benedetto, Insaurralde y Driussi.

Fuente: redacción diario Los Andes

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